Quién Soy

 

Hola, soy Marisa Picó y tengo una visión que quiero compartir contigo.
 
La visión de que un día en cualquier tipo de evento tendremos la oportunidad de disfrutar el saber hacer y la experiencia de hombres y mujeres que son auténticos especialistas en su área y comparten sus conocimientos con el resto del mundo.
 
Me dedico a ayudar a profesionales y especialistas, especialmente a mujeres, a ser speakers y situarse como caso de éxito en su mercado de tal modo que brillen con luz propia, aumente su notoriedad, prestigio y la facturación de sus negocios.
 
¿Porqué especialmente a mujeres? Para equilibrar la balanza. La gran mayoría de ponentes en eventos, y socialmente más visibles, son hombres. Nos estamos perdiendo los descubrimientos, saber hacer y la forma de ver el mundo de mujeres que también son auténticas lideresas en sus áreas de trabajo y que a día de hoy no pueden compartir su experiencia desde un escenario.
 
He trabajado como periodista de primera línea en prensa, radio y televisión, como responsable de Comunicación de empresas e instituciones, como Social Media Manager y formadora en  Atención al Cliente, Linkedin y Oratoria. Soy formadora presencial y online en habilidades sociales y de comunicación.
 
En pocas palabras, me he pasado media vida contando como periodista las experiencias de personas y de empresas. Ahora les ayudo a que sean ellas mismas quienes relaten su valor y su historia.

Mi Historia



Contar historias ha sido siempre mi pasión. Desde bien pequeña grababa mis propios relatos en cintas de cassette de esas que se rebobinaban con un bolígrafo. ¿Te acuerdas?
 

Me regalaron una grabadora gris de botones enormes con la que narraba que era buceadora y que había descubierto  el mayor tesoro jamás hallado en el mar: un galeón pirata hundido con miles de doblones de oro en sus bodegas. Y, de fondo, el sonido de la radio: música, novelas, noticias, programas… siempre la radio. 


Como no había “universidades de buceadoras”, cursé Periodismo y trabajé en radio, en prensa y en televisión. Seguía contando historias, pero muy pocas tenían tesoros detrás.


Trabajé en primera línea de fuego en los informativos: crónicas judiciales, políticas, culturales e incluso sucesos a pie de calle. Aún recuerdo con horror narrar para nacional, con los pies mojados y hecha una sopa, la riada del 97 que dejó en Alicante 4 muertos. 


Apasionante pero estresante, muy estresante. Cada día que colgaba el teléfono pensaba “con el estrés de hoy acabas de cargarte dos minutos de vida”. 


Y se presenta un día una empresaria con un trabajo “más tranquilo”: comunicación corporativa. Asesorar a quienes se ponían delante del micrófono.


Y volví a encontrar tesoros. Mi trabajo era descubrirlos, en la trayectoria, decisiones, valores e innovación de los empresarios y empresarias para después transmitirlo a los medios.  


Aprendí mucho. Por ejemplo, que detrás de todas las historias de empresarios de ÉXITO, en un momento dado se vieron abocados al FRACASO y tomaron una decisión que cambió sus vidas y sus negocios para siempre. 


Me encantaba escribir revistas de empresa contando esos pequeños TESOROS SUMERGIDOS, aptitudes, valores y creencias personales de los empresarios, que al final han sido la clave de su éxito.


Escribir, escribir y escribir. Me gustaba…Pero todo tiene su lado oscuro.


Cambié las prisas del reloj para el informativo por las prisas de los clientes y en una punta de estrés mis ojos dijeron ¡basta! PERDÍ buena parte de LA VISIÓN. Y la posibilidad de seguir escribiendo historias.


¿De qué podía trabajar entonces? Era periodista y no podía pasar muchas horas delante de un ordenador ni tener estrés. ¡Imposible! En ese momento dije “adiós” al periodismo, a contar historias, a buscar tesoros…..


Bueno, no del todo. Una gran mujer me enseño a hacer “gimnasia” con los ojos y me recuperé. Me hice formadora, primero por necesidad y después por pura pasión. Me di cuenta de que cualquier alumno alberga también un TESORO SUMERGIDO que permanece oculto muchas veces y que puede salir a flote para hacerle brillar con todo su esplendor. 


Yo no podía ya contar la historia pero ellos sí. Y les ayudé a hacerlo bien. De lo contrario, el tesoro pierde valor o se hunde en el fondo del mar. 


Así que creé y registré la marca Oratoria Training Camp, entrenamientos de alto impacto para quienes se atreven a descubrir y mostrar el tesoro que llevan dentro. 


Digo entrenamientos, y no cursos, porque si algo aprendí es que las buenas historias, las de verdad, se piensan con la cabeza pero se cuentan desde el corazón. 


Ahora sigo contando historias, como speaker de Linkedin y de Oratoria, y ayudo a mis alumnas a contar las suyas. Sus éxitos son los míos.  Y me encanta. 


Veo cada día que muchas personas, especialmente mujeres, están deseando contar su historia personal o profesional, su aprendizaje de vida, aquellas experiencias que las ha llevado a tener un negocio y generar ingresos. ¿Para qué? Para ayudar a otros a seguir su camino y para ocupar en el mercado la posición que realmente se merecen. Son tesoros valiosísimos que compartir. 


Y son muy pocas son las que suben a ese lugar de privilegio que son los escenarios para poder contarlo. Creo que es hora de equilibrar la balanza.

Entre todas, podemos hacerlo. 


Y si te fijas, al final, hago lo mismo que cuando era niña: buscar, descubrir y contar historias de tesoros sumergidos.